Cascanueces. No en vano mi obra clásica favorita desde niño y hasta ahora: El comienzo de la aparición de las hadas por los dientes de león, deslizando las gotas de rocío por la telaraña en La danza de las chirimías; rocío que después se sacudirán un grupo de setas para bailar y secarse al son de la Danza China. Los nenúfares que giran sobre el agua en la danza del hada bombón hasta que envuelven el entorno en burbujas. Los peces que bailan la danza árabe en las profundidades. Las florse rusas, su colorido, ese baile tan emocionante...Todo para culminar en el espectacular vals de las flores, donde cada nuevo movimiento indica un nuevo desarrollo de la acción, la aparición de un nuevo elemento. Es sin duda alguna la música la forma de comunicarse de la naturaleza. Y, desde luego, lo que ésta nos dice es sobrecogedor.
Pastoral. O un Olimpo lleno de frescura, naturalidad, sensualidad, deshinibición y la más absoluta pureza e inocencia. La división en partes en paralelo a la música es perfecta. Y cada historia es más tierna, más colorista e idílica. Los pegasos, centauros, querubines, faunos, unicornios...y los mismísimos dioses con Zeus a la cabeza componen un mural tan bucólico y de una fuerza sensorial que habría hecho las delicias de Virgilio. En este fragmento observamos que en ciertos aspectos estamos ante una película adelantada a su tiempo y a éste. El cortejo de los centauros entre platónico y erótico,la bacanal y la posterior tormenta y esa conmovedora despedida del día y la llegada de la noche ... Una maravilla.

Danza de las horas. También podría llamarse "¡consíganme a esos actores YA!". Un prodigio de ritmo, colorido, originalidad, ingenio, y del caos más exquisito. La segunda avestruz por la izquierda tiene más carisma y profundidad que todo el reparto de Shrek. Y en ningún momento se olvidan de lo que esta pieza es: un ballet. Y qué ballet. No hay palabras, hay que verlo para creerlo. La presentación de cada grupo de animales y ese baile colectivo final...No tiene precio.

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